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27 ene. 2015


“En el lenguaje de la antigua poesía épica griega, las palabras para “camino” y “canto”, oimos y oimê, son casi idénticas. 

   En origen, el canto del poeta era sencillamente un viaje a otro mundo: un mundo en el que pasado y futuro son tan accesibles y reales como el presente. Y su viaje era su canto. En aquellos tiempos, el poeta era un mago, un chamán.”
                                                        (“ En los oscuros lugares del saber” P. Kingsley)

 

                                                                              

 

 

oimos, oimê

                                   =============

 

                                   Mi canto es un camino.

                                   Mi camino es un canto

                                   buscando lo Divino.

                                               Es a veces un llanto

                                               de orfandades calladas;

                                               buscar en todos tanto…

 

                                                           Canto, cantar, andar…

 

                                   Hallar en sus miradas

                                   el luminoso oscuro

                                   de sus vidas pasadas.

                                               Encontrarme en lo puro

                                               de múltiples esencias

                                               -canto y camino duro-.

 

                                                           Canto, cantar, andar…

 

                                   Cantar en permanencias.

                                   Un camino latente

                                   de intuidas presencias.

                                               Discernir lo evidente

                                               de un Todo en cada uno;

                                               acertijo  ascendente.

 

                                                           Canto, cantar, andar…

 

                                   Anhelo que, oportuno,

                                   me empuja a lo Sereno

                                   en donde habita el Uno.

                                               Allí, mi canto pleno

                                               será sólo un susurro;

                                               Esencia de Dios lleno.

 

                                                           Canto, andar, llegar…
 * * *

22 ene. 2015





Cómo pasa de rápido el tiempo, sobre todo cuando una va cumpliendo muchos años.
Hoy  me ha comentado una amiga, mientras halábamos de literatura, en concreto de poesía femenina, que yo debería de tener un blog. Le he dicho: "¡Si lo tengo, lo que ocurre que me falta tiempo para todo los proyectos y actividades que hago!"


Y en ese momento he recordado el abandono en el que tengo a mi humilde blog ¡más de seis mes sin escribir en él! No tengo excusa... Si acaso reconocer que debo seleccionar más mis actividades para  centrarme en lo que realmente me importa. Entre ellas escribir en este blog.


Por último, gracias a quienes habéis entrado en estas páginas durante estos meses. Besets...


Mi último poema adaptando la versión del poema-canción escocesa muy popularizada en USA:






CANCIÓN DEL FIN DE AÑO


 


Por este año que se fue


y el amigo que marchó,


no debemos nunca olvidar


la bondad que nos dejó.


 


Por todo aquello y mucho más


enlacemos con amor


las manos para decir:


aquí está mi corazón.


 


Es el momento de pedir


en este año que empezó:


"Nunca dejemos de soñar


un mundo nuevo y mejor."


 


Por este año que se fue


y el amigo que marchó,


nunca dejemos de soñar (bis)


un mundo nuevo y mejor.


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                     Sony Grau

28 may. 2014

           Tipos, Típicos, Tópicos


                   

Estos escritos son una recopilación de 80 a 100 columnas periodísticas sobre perfiles urbanos, publicadas en los desaparecidos diarios Hoja del Lunes y Hoja de Valencia, durante el periodo entre octubre de 1991 a abril de 1992. Creo que su mayor valor es el testimonio cotidiano que observaba en Valencia hace más de veinte años. Espero que os guste.









  
                    EL "MANGUI"

 

     Eres veloz, imprevisto en tus gestos, pues tu técnica es

jugar con la sorpresa y el desconcierto de quienes te descubren. Tu atuendo, el de cualquier muchacho común: vaqueros, chupa, suéter, zapatillas (para poder correr) no hacen sospechar en ti nada inconfesable.

     Vas junto a tu compañero, más bien cómplice, con andares ligeros, danzarines, acaso para ejercitar tu elasticidad... Miras como si tal cosa a los automóviles aparcados, y en una mirada fugaz sabes descubrir si en su interior hay radio fija o extraíble, la marca, el modelo y una serie de peculiaridades que sólo tú, experto en el mercado del hurto, sabes apreciar para su posible provecho. De repente, sorprendiendo a todos los que pasan cerca, propinas un tremendo codazo al cristal de la ventanilla y mientras tu compinche observa el entorno, te apropias impunemente del radiocasete de algún ciudadano que, aparte del aparato, lamentará el gasto de la ventanilla, cuyo cristal hará que desembolse unos cuantos miles de pesetas. Y, ¿todo por qué? El inmediato "por qué", el cotidiano, es que tú quieres dinero para los vicios (esos de la fiebre del sábado noche) y sabes que en el mercado negro de las zonas de moda hay una demanda que paga bien y no le importa la procedencia, más bien la prefiere, pues les ahorra el precio a la mitad. Plumíferos para fardar en las estaciones de esquí, chupas,... pero bueno, esa es especialización de otros colegas, lo tuyo son los coches.

 

     También están los de las chupas vaqueras, siempre marcas, claro está, los de los relojes; pero esos ya tienen que ir intimidando a chavales bambys y, a punta de navaja, hacerles quitar las cazadoras o el reloj, incluso a veces las zapatillas nuevecitas. Y todo esto, ante las temerosas miradas de los ciudadanos (domesticados ciudadanos de televisor y butaca) que tienen pavor a intervenir, olvidados del grito reivindicativo de Fuenteovejuna.

    

     De los otros "porqués" hay tanto que decir; el consumo hedonista que obliga a estirar el brazo hacia lo inaccesible para llegar, si es necesario con trampas, vejaciones, debilidades humillantes, a sentir realizado el placer de la propiedad del objeto deseado, aunque sea ajeno.

 

     Y tan culpables son los que roban como los que compran (y a veces incluso encargan previamente) sabiendo su procedencia ilegal... O puede que más los últimos si nos atenemos al sentido de justicia platónico, que juzga más responsable a quien mejor preparado cruza por la vida, al recibir mayores dones de ésta.

     Pero, en último caso, tu "porqué" es el que ahora me importa y me ocupa, pues las consecuencias, si no frenas a tiempo, pueden

ser tremendamente desesperanzadas en cualquier rincón de una cárcel.

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                                  Sony Grau Carbonell







27 may. 2014




            Tipos, Típicos, Tópicos


                   

Estos escritos son una recopilación de 80 a 100 columnas periodísticas sobre perfiles urbanos, publicadas en los desaparecidos diarios Hoja del Lunes y Hoja de Valencia, durante el periodo entre octubre de 1991 a abril de 1992. Creo que su mayor valor es el testimonio cotidiano que observaba en Valencia hace más de veinte años. Espero que os guste.

                                    Sony Grau Carbonell









              VÍCTIMAS

 

 

     Verdaderamente me entristece y amarga, ante el discurrir cotidiano de la vida, comprobar que estas personas dejen de ser una singularísima página en los acontecimientos ciudadanos para convertirse en "típicos tópicos" de esta columna. No quisiera; pero así es.

    

     Muy cerca del monumento de Athenea, allí, en el paseo al Mar, ha sido inmolada una nueva víctima, el profesor Broseta, a manos de unos elementos de la corte de los brutos (aquél, el Bruto histórico, también quería dar que hablar), pero en este caso el inocente no pudo saber quiénes eran ni porqué lo hacían. Le dispararon por la espalda, como lo hacen los ruines, sin avisar, sin dar la cara ni retarlo a defenderse. Y, como un símbolo, ha caído donde era su lugar: al calor de los edificios universitarios, bajo el cielo de Valencia, a la que tanto quería, y junto a la sombra protectora de Athenea, que, como diosa de la sabiduría, le habrá guiado muchas veces en el camino de la moderación y el equilibrio.

 

     Al día siguiente, cuando aún no salíamos del estupor, dos jóvenes valencianos, sensibles, artistas de la música (esa música que les habrá ayudado a comunicarnos a los demás los sentimientos artísticos de grandes compositores y de ellos mismos) eran ametrallados sin compasión ni sentimientos. Fríamente, como se ejecutan las grandes canalladas.

    

     Sí, todo un significado paradigmático, unos tienen la fuerza del saber, del diálogo, del raciocinio, del arte y la comunicación sensitiva, y otros tienen la fuerza de la violencia más aberrante, tan sólo porque son incapaces de la discusión racional y no lo quieren intentar porque saben que perderían. No tienen dialéctica porque les falta la razón. Siempre ha sido igual a lo largo de los acontecimientos históricos, siempre han habido locos dispuestos a obedecer los dictados asesinos de otros que están en la sombra amparados por las leyes de convivencia y, gracias a ellas, pueden escurrirse por las rendijas de los legalismos apelados con toda la fuerza de la desvergüenza más insultante ante todos los que, día a día, defienden y respetan esa forma legal de concordia. No existe para ellos la pena de muerte; pero esos sí que la practican. Para ellos existen abogados; pero no a los demás, que les llega la muerte sin tan sólo tener el conocimiento de los motivos por los que han sido sentenciados en su juicio fanático y salvaje, el dictamen del terror. Así cercenan vidas, destruyen familias, quiebran ilusiones en nombre de unos fines que jamás, jamás, jamás, pueden justificar esos medios ante cualquier ciudadano con un mínimo de responsabilidad cívica.

 

     A no ser que nuestra sociedad esté enferma y perdida en el laberinto de sus propios errores.

29 abr. 2014


                Tipos, Típicos, Tópicos





Estos escritos son una recopilación de 80 a 100 columnas periodísticas sobre perfiles urbanos, publicadas en los desaparecidos diarios Hoja del Lunes y Hoja de Valencia, durante el periodo entre octubre de 1991 a abril de 1992. Creo que su mayor valor es el testimonio cotidiano que observaba en Valencia hace más de veinte años. Espero que os guste.

                                    Sony Grau Carbonell



              LAS PAREJITAS

 

 

 

     Ya puede hacer frío, ya; ellos, impertérritos y ausentes a

todo lo que no sean sus apasionadas efusiones, forman un solo cuerpo en un alarde de infantil exhibicionismo. El, desgarbado pollito que se pasa las horas interminables ante el espejo del cuarto de baño, escudriñando la esporádica salida de algún pelo entre las innumerables espinillas de su barbilampiño mentón, y presume ante los compañeros de primero de BUP de ligar más que el "guaperas" de la Harley..., pero, quiá!, a él no le hace falta ninguna moto ni nada; por el morro consigue más que nadie.

Ella, una adolescente que se pinta profusamente en el ascensor o en casa de las amigas, donde también se pone la mini, que más bien parece una faja, porque en su casa no quieren entender, ¡que fastidio!, que es ya toda una mujer con personalidad. Al salir del colegio de monjas, de donde lo único que le chincha es llevar uniforme, se encuentra con su enamorado y marchan al banco del jardín, mediodía y tarde, para dedicarse a sus arrumacos y besuqueos interminables. Los paseantes de más edad les observan con miradas censurables y murmuran comentarios críticos a esta sociedad permisiva que no los toma de la oreja y les lava la boca con agua y jabón, como hicieran ellos con sus hijos cuando soltaban alguna procacidad... ¡Qué vergüenza! ¡Vaya juventud! Y ellos, enroscados en un malabarismo de kamasutra, se hacen los ausentes, como inhibiéndose, aunque en realidad se les escapa (sobre todo, a la niña) cierta risita nerviosa de compincheo culpable y satisfecho. Se ha conseguido la meta sin la cual mermaría el interés: escandalizar a los mayores.

    

     En mi tiempo juvenil se asistía a guateques caseros, de tenue luz y música lenta, disfrazadas de B.B. o de Juliette Greco... (aquellos minipañuelitos de gasa atados a la barbilla !en pleno julio mediterráneo!, o los largos cabellos lacios ocultando casi el rostro de aspecto maquilladamente demacrado que hacía pensar a nuestros padres en si realmente no nos asábamos de calor y si acaso estábamos enfermas). Todo es cuestión de modas y hormonas; el tiempo va curando esos arrebatos, y al cabo de unos meses, aburridos de hacer el numerito, estas parejitas se dedican a otras actividades del siguiente escalón en la empinada cuesta hacia la madurez.

    

     Tendrán que terminar BUP, COU y Selectivo, buscar el cauce de su futuro y madurar a golpe de responsabilidades. No pasa nada con estas exhibiciones -la mayoría de las veces, claro-, pero siempre sería mejor que agotaran sus energías haciendo deporte.

 

     Seguro que se sentirían más realizados.

 

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12 mar. 2014


 








Estos escritos son una recopilación de 80 a 100 columnas periodísticas sobre perfiles urbanos, publicadas en los desaparecidos diarios Hoja del Lunes y Hoja de Valencia, durante el periodo entre octubre de 1991 a abril de 1992. Creo que su mayor valor es el testimonio cotidiano que observaba en Valencia hace más de veinte años. Espero que os guste.

                                    Sony Grau Carbonell

                        

                        LA PALOMA

 

  

     Es glotona del grano que le ofrecen los niños. Confiada, se llega hasta sus breves sombras -que la luz cenital del mediodía reduce aún más en la soleada plaza de la Virgen jugando con ellos a pillar, y ganando siempre, en virtud de sus dones aéreos. Es uno de los "tipos", zoológicos, más "típicos" y "tópicos" representativos de la paz, aunque haya quienes prefieran convertirla en diana móvil de su puntería ociosa y huera.

Agradecida y dúctil para la doma, ha sido, secularmente, eficacísima mensajera gracias a su sentido de orientación superdotado, aunque, ahora ande un tanto desorientada (o, ¿sería mejor decir des-próximo-orientada?)*.

 

     Lleva años buscando su nido por las tierras de Sudán, Galilea, Samaria, y ella sabe que sería bien recibida entre las gentes, a no ser por los de siempre: los ambiciosos de poder, los manipuladores de grupos humanos que, por sí solos, jamás se niegan entre ellos el pan y la sal por cuestiones de identidad, lengua ni creencia.

    

     Ella nació al culto popular en aquellas tierra, entre la

simbología milenaria de Siria y Fenicia, como compañera inseparable de la diosa del amor, Astarté, que luego sería Afrodita griega, Venus romana..., y claro, mensajera del amor, devino en pacificadora. También en Madrid hay una mediadora celestial, la Virgen de la Paloma. ¿Habrá ido alguien a depositar la ofrenda de paz? No, no creo. Hoy en día Occidente no pone ofrendas votivas más que ante los templos del interés y

el plazo fijo. Pero bueno, es cuestión de tiempo. Los ciclos siempre se repiten...

 

     La paloma de la plaza, ronronea, toma el último grano

escondido entre la plegada sombra del niño, revolotea por la fuente, sorbe un trocito de nubes reflejada, y remonta el vuelo hasta la cornisa de la catedral quedando quieta, como un tanto pensativa.

 

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* Se refiere a la reunión de paz en Madrid entre israelíes y palestinos bajo los auspicios del gobierno español (del PSOE).

 
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15 feb. 2014


 


Estos escritos son una recopilación de 80 a 100 columnas periodísticas sobre perfiles urbanos, publicadas en los desaparecidos diarios Hoja del Lunes y Hoja de Valencia, durante el periodo entre octubre de 1991 a abril de 1992. Creo que su mayor valor es el testimonio cotidiano que observaba en Valencia hace más de veinte años. Espero que os guste.
                                    Sony Grau Carbonell



                                            EL ABUELO


 

 

     Todos los días lo bajan al sol. Gruñendo entre dientes cualquier pequeñez; observa, sentado en el banco del polvoriento y pelado jardincillo del barrio, todos los diarios ajetreos de la gente que, curiosamente, se repiten con bastante monotonía a través de las semanas, los meses, incluso los años. ¿Cuándo vino a está ciudad desorbitada? Seguramente allá por los sesenta, cuando el boom de la construcción hizo inmigrar a toda la familia buscando el estatus industrial. O quizá cuando alguna de aquellas presas ahogó su querido pueblo, con todas sus vivencias juveniles, y que hoy, sentado en el banco del sol, revive cada día en su vídeo mental.

 

     No le gusta la ciudad. Dice que es demasiado ruidosa y nunca se ha podido acostumbrar a esto. Le aturde, le marea. Demasiada gente, demasiada prisa. En la casa se pasa casi todo el día solo. Todos trabajan: la hija, el yerno, el nieto mayor, y los chicos, en el colegio... Si todos hubiesen trabajado así allá, en el pueblo, seguro que les habría ido bien. No lo entiende, no lo puede ni quiere entender. Ni siquiera tiene el bar del Ramón, donde las tardes se diluían al calorcillo del vino y la conversación. Charlas que perdieron su sentido, incluso su aroma: majada, siembra, cañada, coto, siega... Ahora se habla de otro modo y siempre huele a gasolina, si lo sabrá él que tiene olfato aun, que conserva el primitivo... Sí, es verdad que en el barrio han organizado un local para viejos, "club del jubilado",como le llaman los de la asociación de vecinos. Pero, qué, allí no se oye el mismo lenguaje. Uno es de Aragón; otro, andaluz; otro gallego... ¡Ni siquiera saben jugar al mus! Cada uno habla, él se da cuenta, mientras los demás no entienden, porque cada cual está en su pueblo, en su juventud. Y todos acaban viendo la tele, como si estuviesen solos. A veces les llegan personas importantes que les hablan de cosas que no entienden, pero que bien sabe él lo que buscan: los votos. Después, si te he visto no me acuerdo. Si al final todos ellos votan lo que les aconsejan sus hijos...

    

     Por eso le gusta más estar allí, al solecillo cálido de invierno, sentado en su banco, viendo pasar a los jóvenes, a las chicas guapas, a los niños, y no rodeado de viejos.

 

     Es hora de comer, el sol invernal baja, poco a poco, su termostato. Una jovencita se lleva al viejo hacia su casa

mientras él va gruñendo entre dientes cualquier pequeñez, y la niña se queja: "Ay, abuelo, que cosas tiene, siempre refunfuñando por nada."

 

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